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El pasado primero de julio del presente año se llevó a cabo la elección para Presidente de la República de mi querido país México, proceso que podríamos catalogar como único en la historia de México, ya que hablamos de un trabajo de campaña de 6 años, así como la presencia de grupos que fueron emergiendo ante una evidente imposición del candidato que representa al partido que alguna vez ostentó la dictadura perfecta, el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Hablamos de un trabajo de campaña de 6 años, en razón de una fuerte inyección monetaria a las televisoras nacionales para promover al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, cuya imagen no faltó en cada televisor del país desde el 2005, dicha inversión fue evidenciada por la revista Proceso en su momento y por el diario inglés The Guardian más recientemente, por lo que pruebas sobre el control mediático sobran. Por otro lado, Andrés Manuel López Obrador, candidato representante de las izquierdas por el Partido de la Revolución Democrática, víctima de una guerra sucia desmedida durante el pasado proceso electoral en el que Felipe Calderón Hinojosa, fue electo Presidente de México mediante un ya documentado fraude electoral, reincide en su participación para contender por la presidencia una vez más, preparando durante seis años la defensa del sufragio mediante la organización y concientización del electorado. El día de la elección finalmente llegó, mientras que el abanderado del PRI apostaba por los actos ignominiosos que siempre han caracterizado a los militantes de su partido, López Obrador y la mayoría del pueblo mexicano esperaban que el trabajo de un sexenio de preparación, más el oportuno auxilio ejercido por el movimiento #yosoy132 y la colaboración de millones de mexicanos conscientes y entregados a su país, rindieran el fruto de una elección que si bien estaba lejos de ser transparente, al menos fuese suficiente para declarar la victoria del candidato de las izquierdas. Lamentablemente no fue así, métodos de fraude hubo muchos que hoy en día están siendo exhibidos con más claridad, razón por la que tardé en escribir un artículo con respecto a la elección. Muchos esperábamos que el Instituto Federal Electoral defendiera la poca credibilidad que conservaba, pero una vez más demostró estar al servicio de los más mezquinos intereses. El famoso monitoreo del PREP contenía algoritmos que impedían a López Obrador aproximarse a menos de 3.3% de Enrique Peña Nieto, la compra de votos, medidas coercitivas hacia los votantes, rasuración del padrón electoral, así como desentendimiento de los números registrados en las actas, fueron sólo unos cuantos procedimientos que demuestran el gran fraude que todos veíamos venir. Lo anteriormente mencionado estaba contemplado, sin embargo el control mediático imperante desde hace 7 años fue el gran plus que hizo competir al mexiquense puesto que de no ser por su exagerada promoción en los medios del país, Enrique Peña Nieto, no sería más que un candidato que habría contendido y perdido de forma avasalladora. Sin lugar a dudas, el voto duro del PRI se lo debe a la televisión. En estos momentos el ganador ostentado por resultados que dicen llamarse “oficiales” es Enrique Peña Nieto, pero todos sabemos que eso no es verdad, empero, esta vez no es Andrés Manuel López Obrador quien debe hacer el llamado para defender el voto, en esta ocasión no es un partido político quien tomará la bandera por la defensa del sufragio efectivo, en este momento debemos hacerlo todos por igual. Hay esperanzas, el PRI dejó huecos increíblemente grandes que denotan la presencia del fraude, los documentos errados despliegan el grandioso número de 143,000 actas en donde los datos fueron claramente manipulados, al reunir toda la información y exponer las pruebas contundentes e irrefutables, la elección puede tener un giro de 360°. Lo más seguro es que las pruebas sean ignoradas, así como fue ignoto el incuestionable exceso en el tope de campaña dictaminado por la ley que Enrique Peña Nieto sobrepaso en demasía, así que nos quedan dos opciones lógicas que de hacerlo no podrían fallar, pero que requieren de un nivel de organización jamás visto en la historia de México, y que en efecto debe ser jamás visto ya que sería la primera vez que sería refutada la imposición de un candidato por la vía pacífica. La primera refiere a manifestaciones masivas alrededor de la República, las cuales no deben ser lideradas por el candidato de un partido político que en este caso sería López Obrador, sino por alguna organización declarada apartidista pero democrática, en este momento la organización #yosoy132 es la que se encuentra mejor posicionada y la que ha conseguido que los sectores más conscientes del país se solidaricen con la causa, por lo que lo más racional sería que fuesen ellos quienes encabezaran marchas en todo el país en las que sería necesaria la participación de 18,000,000 de mexicanos manifestando la defensa del voto por López Obrador, de esa manera sería legitimada la victoria. La segunda es más compleja y le corresponde más al sector laboral, puesto que sí entendemos que es la clase privilegiada la que desea mantenerse en la gran cúpula del poder, los empleados de las empresas deberían ostentar manifestaciones por la defensa del voto que al mismo tiempo cumplan la función de huelga, ya que al no existir producción en las empresas, los dueños al ver la gran pérdida que le cuesta a sus bolsillos la imposición de Peña Nieto, deberían terminar por aceptar que no es conveniente continuar con el malévolo plan, pero puede requerir mucho tiempo, mismo que puede ser determinante. Como verán las opciones son pacíficas y dadas las condiciones actuales, es propicio llevarlas a cabo, también no me queda la menor duda que ya fueron consideradas por lo que debemos esperar, aunque existe un margen de error que debe ser tomado en cuenta. Sí la distribución de información mediante las redes sociales o los medios a los cuales tenemos acceso no es efectiva, perderíamos ante la teoría de repetición periódica, la cual históricamente nos ha evidenciado que si bien es cierto que los movimientos liderados por estudiantes han tenido resultados positivos, las consecuencias pueden ser graves para los participantes, me parece que a los gobiernos la opinión internacional les ha venido importando cada vez menos, por lo que quizás traten de imponerse a como dé lugar y sí es así como pueden suscitarse los eventos, es de pensar si debemos movernos ahora o quizás trabajar otros seis años con estrategias diferentes, al menos ya hemos comprobado que las maneras de hacer fraude, sí han caído en la trampa de la repetición periódica, por lo que ahora tenemos más argumentos con qué defendernos, pero vuelvo y repito, lo que nos queda es esperar una decisión, en la que sin importar cual sea, debemos apoyar hasta el final. Sin importar qué suceda, hoy por hoy, únicamente le han quitado una pluma más a nuestro gallo.
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